Todo lo que se calcula dos veces en un viaje: a qué hora aterrizas, cuánto cuesta en tu moneda, cuánta propina y qué has olvidado.
Los festivos del destino afectan en dos direcciones: unos son el motivo del viaje y otros significan oficinas y bancos cerrados y transporte lleno.
Los que más sorprenden son los periodos de varios días: el Eid, el Año Nuevo lunar, la Golden Week y el Obon en Japón. Los vuelos y el alojamiento se encarecen y, en algunos sitios, reservar cualquier cosa se vuelve difícil.
Varios países añaden un día de descanso sustitutivo cuando el festivo cae en fin de semana, así que la misma fecha no es festiva todos los años. Comprueba el año concreto.
La hora de llegada del billete ya está en hora local del destino. Lo que falla es lo contrario: restar la salida de la llegada para saber cuánto se vuela mezcla el desfase horario en el resultado.
Volando al este se aterriza a una hora del reloj mucho más tarde que la de salida; al oeste puedes llegar a una hora parecida o incluso anterior. Si cruzas el Pacífico, además cambia la fecha.
Donde hay horario de verano, comprueba si está vigente en tus fechas. Las fechas de inicio y fin cambian según el país, así que el desfase con una misma ciudad no es igual en marzo que en noviembre.
Planifica en hora local, pero ten a mano un reloj mundial para las llamadas a casa. Despertar a alguien a las cuatro de la mañana es el fallo clásico.
La hora de salir de casa se deduce del cierre de la puerta de embarque, no de la hora del vuelo. La cadena es: cierre de puerta (unos 15–20 minutos antes) → control de seguridad y pasaporte → cierre de facturación de equipaje (a menudo 60 minutos antes) → trayecto al aeropuerto → salir de casa.
Dos o tres horas para vuelos internacionales y alrededor de una para nacionales es la recomendación habitual, pero en temporada alta la cola de seguridad se come ese margen entero. Con la facturación hecha por internet solo queda cumplir el cierre del equipaje.
Si hay escala, consulta aparte el tiempo mínimo de conexión del aeropuerto. Cambiar de terminal o volver a pasar inmigración alarga bastante lo que realmente hace falta.
A la vuelta, deja margen después de aterrizar. La recogida de equipaje y la aduana tardan más de lo previsto, y las citas justo tras la llegada suelen perderse.
Los problemas del equipaje casi nunca son de ropa, sino de lo que no se puede reemplazar allí: pasaporte, medicación con receta, cargadores y adaptadores, confirmaciones de reserva y un medio de pago que funcione.
Una lista funciona mejor si vas añadiendo cosas según se te ocurren durante los días previos, en vez de escribirla entera la noche anterior. Así la última tarde es una revisión y no un ejercicio de memoria.
Los límites de líquidos y las normas de baterías cambian según la aerolínea y el país. Las baterías externas no suelen poder ir en la maleta facturada y deben llevarse en cabina.
En el cambio de divisa importa menos dónde cambias que qué tipo se aplica. Las casas de cambio del aeropuerto, los cajeros locales y el pago con tarjeta usan tipos y comisiones distintos. Cuando el datáfono ofrece cobrarte en tu moneda, esa conversión suele ser peor que la de tu banco: elige la moneda local.
Que el precio mostrado incluya impuestos varía por país. En Europa se muestra normalmente con IVA incluido; en Estados Unidos el impuesto se añade en caja. El mismo «100» no es la misma cantidad.
La propina cambia igual: en Estados Unidos y Canadá es prácticamente parte del salario, en buena parte de Europa se redondea, y en Japón no se deja. Desconocer la costumbre local significa pagar de más o resultar descortés.
La devolución del IVA tiene importes mínimos y trámites, y el mostrador del aeropuerto lleva tiempo. Cuéntalo en el plan del día de salida.
Los festivos y los tipos impositivos cambian cuando cambian las normas. Confirma con la fuente oficial del país todo lo que afecte al dinero o a la entrada.
Los tipos de cambio aquí son orientativos y no coincidirán con el aplicado a tu pago o cambio real.
Los tiempos de aeropuerto suponen condiciones normales. Temporada alta, huelgas y seguridad reforzada exigen más margen.