IMC 26: sobrepeso para la OMS y obesidad en Japón
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La fórmula del IMC es la misma en todo el mundo; los cortes no. OMS 25 y 30, SEEDO parte el sobrepeso en 27, México baja a 23 y 25 por talla. De dónde sale cada regla.
Un número, cinco veredictos
Imagina a alguien que mide 1,70 m y pesa 68 kg. Su IMC es 68 ÷ 1,70² = 23,5. En cualquier calculadora basada en la tabla internacional de la Organización Mundial de la Salud sale «peso normal». En la consulta de un hospital coreano, ese mismo número se lee «preobesidad». Una clínica india lo llamaría sobrepeso; una japonesa, normal. Y en Estados Unidos, la tabla de los CDC dice normal mientras la Asociación Americana de Diabetes recomienda que esa persona, si es de origen asiático, se haga ya una prueba de glucosa.
El cuerpo no ha cambiado. Ha cambiado la regla con que se mide. El IMC es uno de los pocos números médicos cuya fórmula es idéntica en todo el mundo y cuyo significado no lo es, y la mayoría de las calculadoras no dicen qué regla han usado.
Sigue las líneas discontinuas de arriba abajo. Con 23,5 la persona está en verde en cuatro filas y en ámbar o naranja en dos. Con 26,0 sigue siendo «sobrepeso» para la OMS, pero ya es «obesidad» en Japón, India y México si es de talla baja. Dos puntos y medio de IMC mueven la etiqueta dos escalones.
La regla española: el sobrepeso partido en dos
España usa los mismos cortes que la OMS —18,5, 25 y 30— pero la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) partió en su consenso la franja del sobrepeso en dos: grado I entre 25 y 26,9, y grado II o «preobesidad» entre 27 y 29,9. Y por arriba añadió dos escalones que la tabla internacional no tiene: obesidad tipo III o mórbida de 40 a 49,9 y tipo IV o extrema desde 50.
Ese 27 no es una manía clasificatoria. Es la línea que la propia SEEDO señala como umbral de intervención: por debajo, con IMC de 25 a 26,9, se recomienda vigilar y actuar solo si hay factores de riesgo asociados; a partir de 27, con comorbilidades, ya se plantea tratamiento. Si una calculadora extranjera te dice «sobrepeso» y tu informe médico dice «preobesidad», es esta subdivisión, no un error de cálculo.
México: cuando la estatura cambia el corte
La norma oficial mexicana para el manejo de la obesidad (NOM-008-SSA3-2010) introduce una variable que casi ninguna calculadora contempla: la talla. Para la población general aplica los cortes de la OMS, pero en adultos de talla baja —mujeres por debajo de 1,50 m y hombres por debajo de 1,60 m— define sobrepeso desde 23 y obesidad desde 25.
La razón es la misma que llevó a Asia a bajar sus umbrales. En personas de estatura baja, el IMC infravalora la grasa corporal: a igual IMC hay proporcionalmente más tejido adiposo y menos masa magra, y el riesgo metabólico aparece antes. Una mujer de 1,48 m y 55 kg tiene un IMC de 25,1; para la OMS acaba de entrar en sobrepeso, para la norma mexicana ya está en obesidad. Y en México y en gran parte de Latinoamérica, donde la talla media es menor que en Europa, esa distinción afecta a mucha gente.
De dónde salen el 25 y el 30
Los cortes de la OMS se fijaron en los años noventa a partir de curvas de mortalidad y morbilidad de cohortes mayoritariamente europeas y norteamericanas. Son números redondos a propósito: la curva de riesgo subyacente es suave, cualquier umbral es una convención, y se eligieron 25 y 30 porque eran fáciles de recordar y coincidían más o menos con el punto donde el riesgo empezaba a subir en esas poblaciones.
El problema apareció al aplicar la misma tabla en Asia. Estudio tras estudio mostró que los adultos del este y del sur de Asia acumulaban más grasa corporal —entre 3 y 5 puntos porcentuales más— y más grasa abdominal que los europeos con el mismo IMC. La diabetes tipo 2 y la hipertensión aparecían en franjas de IMC que la tabla internacional seguía llamando normales.
En 2004 un comité de expertos de la OMS publicó en The Lancet una solución de compromiso: mantener la clasificación internacional como referencia mundial y añadir para las poblaciones asiáticas «puntos de acción en salud pública» en 23 y 27,5, umbrales en los que los servicios sanitarios deberían empezar a intervenir aunque las palabras sobrepeso y obesidad no cambien de definición.
Cómo se llama el mismo cuerpo en cada sitio
| Criterio | 1,70 m · 68 kg (IMC 23,5) | 1,70 m · 75 kg (IMC 26,0) |
|---|---|---|
| OMS internacional | Normal | Sobrepeso |
| SEEDO (España) | Normopeso | Sobrepeso grado I |
| México, población general | Normal | Sobrepeso |
| México, talla baja | Sobrepeso | Obesidad |
| OMS, puntos de acción Asia | Riesgo aumentado | Riesgo aumentado |
| Japón (JASSO) | Normal | Obesidad grado 1 |
| India (2009) | Sobrepeso | Obesidad |
| EE. UU., ADA para asiático-americanos | Cribado de diabetes | Cribado de diabetes |
La fila de Estados Unidos merece una nota. El país nunca bajó sus cortes, pero en 2015 la Asociación Americana de Diabetes redujo de 25 a 23 el IMC a partir del cual recomienda cribar la diabetes en personas de origen asiático, apoyándose en la misma evidencia que la OMS había revisado una década antes. Y para la población hispana hay una discusión abierta parecida: varios estudios encuentran más grasa visceral y más resistencia a la insulina a igual IMC que en la población blanca no hispana, aunque todavía no se ha traducido en un corte oficial distinto.
La variable real es la grasa, no el IMC
El IMC nunca midió grasa. Mide peso en relación con la altura, y se convirtió en indicador de salud solo porque, en promedio, el peso de más en un adulto es grasa de más. Ese promedio esconde dos tipos de excepción. La gente musculosa carga peso que no es grasa y sale alta. Y las poblaciones con otra complexión —asiáticos, personas de talla baja— cargan la grasa a otro peso y salen bajas. Dos personas con IMC 25, una holandesa y una india, pueden diferir en cinco puntos de porcentaje de grasa, y la diferencia se concentra donde más daño metabólico hace: el abdomen.
Por eso todos estos organismos recomiendan acompañar el IMC con el perímetro de cintura —la SEEDO fija el riesgo en 102 cm para hombres y 88 cm para mujeres— y por eso ningún corte de IMC, por bien elegido que esté, sustituye a una cinta métrica. El IMC es un cribado barato para poblaciones; la cintura y la grasa corporal son la pregunta a la que está sustituyendo.
Entonces, ¿qué regla usar?
La respuesta honesta: la que se construyó para gente que se parece a ti, porque es la única cuyos umbrales se ajustaron a tu riesgo. Si eres de origen europeo, la tabla internacional —y en España la de la SEEDO, que es la misma con más detalle— es la que de verdad se calibró contigo. Si tu origen es asiático, lee tu IMC contra 23 y 27,5 aunque vivas en Madrid o en Buenos Aires; la biología no emigra. Si eres de talla baja, el criterio mexicano te describe mejor que el de la OMS. Y en todos los casos, un IMC entre 23 y 27 no es un veredicto sino un aviso para medir la cintura y, pasados los cuarenta, la glucosa en ayunas.
Cuando dos calculadoras discrepan sobre ti, casi nunca discrepan en la aritmética. Discrepan sobre a qué curva de población perteneces. La calculadora de IMC de aquí muestra las bandas internacional y asiática en el mismo indicador, para que la discrepancia se vea en lugar de esconderse. Y si la siguiente pregunta es cuántas calorías gasta ese cuerpo al día, es otra estimación con sus propios márgenes de error: la calculadora de TDEE la cubre, incluido por qué esas calculadoras también discrepan entre sí.