Muestra tu dirección IP pública junto con la ubicación aproximada, el proveedor de internet y los datos que tu navegador comparte con los sitios web.
Tu IP pública es la forma en que internet identifica tu conexión, y es el valor que muestra esta página. Cualquier web que visitas la ve por fuerza, porque sin ella la respuesta no sabría volver a ti.
Las direcciones privadas (192.168.x.x, 10.x.x.x, 172.16–31.x.x) solo existen dentro de la red de tu casa o tu oficina. Las reparte tu router y desde internet no se ven nunca.
Por eso todos los dispositivos de una casa comparten una sola IP pública: el router los multiplexa mediante NAT. La dirección privada de tu equipo la encuentras en la configuración de red del sistema operativo.
IPv4 tiene el aspecto de 203.0.113.42. Existen unos 4.300 millones de direcciones y se agotaron hace años, que es justamente lo que empujó la transición.
IPv6 se escribe como 2001:db8::1 y ofrece 3,4×10³⁸ direcciones, una cantidad ilimitada a efectos prácticos.
Ver las dos a la vez es lo normal: casi todas las redes funcionan hoy en doble pila, con ambos protocolos activos al mismo tiempo.
Una nota sobre privacidad: IPv6 suele asignar una dirección única por dispositivo, lo que lo hace más fácil de rastrear que IPv4. Si te preocupa, comprueba que las extensiones de privacidad (direcciones temporales) estén activadas en tu sistema.
La geolocalización por IP es una consulta a una base de datos de registro, no una lectura de GPS. Indica en qué región registró el proveedor ese bloque de direcciones, no dónde estás sentado tú.
La precisión a nivel de ciudad es el mejor caso realista, y es muy habitual que aparezca la sede del operador en lugar de tu localidad.
Los datos móviles son especialmente imprecisos, porque las pasarelas del operador dan servicio a una zona amplia: conectarte en Valencia y aparecer en Madrid es un resultado corriente, no un fallo.
A través de una VPN o un proxy verás la ubicación de ese servidor, que es exactamente para lo que se usa una VPN.
Las conexiones residenciales reciben normalmente una IP dinámica. Reiniciar el router o una simple renovación de la concesión por parte del operador la cambian.
Una IP fija suele ser un producto aparte con coste adicional, necesario para alojar un servidor o terminar una VPN en tu extremo.
Sin ella, el DNS dinámico resuelve el problema: un nombre de host que se actualiza solo cada vez que la dirección cambia, de modo que sigues llegando a tu equipo por el mismo nombre.
La página muestra lo que tu navegador ya le cuenta a todos los sitios que visitas. No hace nada fuera de lo común: se limita a enseñar lo que normalmente permanece invisible.
IP pública, ubicación aproximada, proveedor, zona horaria, y además navegador, sistema operativo, tamaño de pantalla y configuración de idioma.
Esa combinación es la materia prima del fingerprinting: aunque borres las cookies, el conjunto de valores basta para reconocer a un visitante que vuelve. Las herramientas de privacidad difuminan estos datos precisamente por ese motivo.
Esta es la dirección que pones en una regla de tipo "permitir solo mi IP", ya sea para alcanzar un servidor de la oficina desde casa o para estrechar un grupo de seguridad en la nube.
Ahora bien, con una IP dinámica esa regla se rompe mañana y quien se queda fuera eres tú. Por eso en producción se amplía a un rango entero, o se sustituye por una VPN o un host bastión.
Esta herramienta consulta servicios externos (api.ipify.org e ipwho.is) para obtener la dirección y su ubicación. Por la propia naturaleza de la petición, tu IP llega a esos servicios, tal como se indica en el apartado 4 de la política de privacidad.
Se estima a partir de la IP y a veces sale la sede del proveedor. No tiene la precisión del GPS.
Sí. Con la VPN activa verás la IP y la zona del servidor al que te conectas.
Solo se muestra en pantalla; para consultarla se usa una API externa de geolocalización de IP.